Dónde comer en Berlín

Siempre existe una ciudad que no representa a su país. Berlín no encaja con los tópicos alemanes. Tampoco con los precios. La capital alemana funciona como una isla autónoma, y comer en Berlín puede no resultar caro. Además, la completa y variada diáspora que recibe desde hace tiempo ha hecho que algunas comunidades instaladas en sus calles se hayan especializado en los fogones.

Se asegura que los mejores kebabs turcos se comen en Berlín y no en Estambul, y que es fácil sentirse en Taormina al probar un plato de pasta con alcaparras en uno de los restaurantes sicilianos de Prenzlauer Berg.

¿Y la comida alemana? En eso Berlín sí es Alemania, ya que permite descubrir una cocina injustamente arrinconada en Europa. Viajar por el paladar alemán supone rescatar platos que van desde el codillo con choucroute hasta el oxtail soup, una sopa de rabo de buey para paladares exquisitos.

Berlín es una ciudad muy económica gastronómicamente hablando. Disfrutar de un buen restaurante está al alcande de todos los bolsillos. Uno de los locales más pintorescos es el Kellerrestaurant, la casa museo de Bertotl Brecht. Entre fotos, manuscritos y cartas se han recuperado también las recetas que su esposa Helene Weigel preparaba al dramaturgo. Ideal para probar cocina alemana y austríaca.

En el Dada Falafel el viajero podrá encontrar suculentos bocadillos de falafel y shawarma en un diminuto local en el que vale la pena echar un vistazo a su decoración. Con más de un cuarto de siglo de existencia, en el Bocca di Bacco han degustado excelentes carnes y pastas Steven Spielberg o Matt Damon, entre otros.

Deliciosos desayunos hasta las 16 horas a base de estupendas tartas que ya comían los berlineses a mediados del siglo XIX se prueban en Kuchen Kaiser. Mientras, el mejor imbiss (chiringuito-bar) de la ciudad para tomar auténticas currywurst es el Curry 36.

Entre picoteos y cafés

La cadena de restaurantes Habibi aon es ideal para picar alguna cosa durante el día o para reponer fuerzas después de vivir la noche berlinesa. Joseph Roth Diele se convierte en un sitio perfecto para tomar un café acompañado de un buen pastel o para comerse un plato casero.

Uno de los restaurantes más originales de Berlín es sin duda el 40 seconds. Se sitúa en la última planta de un edificio de oficinas. Su nombre expresa el tiempo que tarda el ascensor. También se puede tomar una copa con vistas al Sony Center por sólo ocho dólares.

Si hablamos de calidad en los platos, es posible degustar pescado blanco con salsa de ruibarbo, carne de cerdo adobada con manzana al horno y ciruelas o pequeñas salchichas de carne de cerdo en el Florian. Cierran la cocina a la una de la madrugada.

De cocina austríaca sobresale el Lutter & Wegner, que cuenta con una de las vinotecas más viejas de la ciudad. La especialidad de la casa es el escalope wiener con ensalada tibia de patatas. El Monsieur Vuong se ha especializado de una clientela fija amante de la cocina vietnamita.

El Ottenthal tiene un ambiente muy intímo. Destaca en su carta el lucio con salsa de langosta y risotto con pimienta. Otro de los más refinados es el Trendsetter VAU, donde se puede comer un excelente pescado, pato con lombarda o rodaballo con la lechecilla de ternera sobre chalotes en vino tinto. El menú sale por más de 80 dólares en una estancias profusamente decoradas.

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