Filipinas
Foto cortesía de dachalan - Flickr.com

Rascacielos urbanos en pleno corazón de la capital, pero también impresionantes volcanes, selvas vírgenes o amplias profundidades marinas en el entorno de la ciudad. Todo esto y más lo puede hallar el turista en Manila. La capital de Filipinas, multicultural y cosmopolita a más no poder, ofrece una bella e histórica estampa intramuros, fruto del pasado de casi cuatro siglos de dominación española. Son los restos que quedan de las antiguas y lujosas casas, jardines, paseos y hasta iglesias propias de aquel legado.

Los contrastes abundan en Manila: La pobreza más absoluta convive con el lujo de barrios modernos como Makati, refugio de turistas de alto standing. Algunos de sus rascacielos son majestuosos, a la altura de los que abundan en metrópolis como Hong Kong, Shangai o Nueva York. También ocurre con los hoteles o los centros comerciales, cuya opulencia nada tiene que ver con la realidad que existe en las calles.

Pero la Manila más auténtica se da paso en La divisoria y el Barrio chino. Aquí el bullicio, el tráfico, el ruido, el calor, el olor a alcantarilla y la polución transitan como un peatón más. Repleto de vendedores callejeros, puestos de comida de dudosa procedencia y niños indigentes pidiendo limosna, resulta aconsejable que el visitante viaje acompañado de gente local. Ya intramuros, cobra especial relevancia para visitar la iglesia de San Agustín, hoy también museo. Pero antes habrá de acudir a la Catedral, reconstruida tras un terremoto ocurrido en el siglo XIX. Enfrente de San Agustín se sitúa Casa Manila, una lograda reproducción de una antigua vivienda colonial española. Más al norte se erige el fuerte Santiago, cuartel general durante la II Guerra Mundial y también prisión.

Otra visita a destacar es la del santuario de José Rizal, héroe nacional. Su imponente estatua preside el parque que lleva su nombre. Tiene un jardín japonés y otro chino de interés. A continuación el turista puede llegar hasta el colorista mercado de Quiapo, con todo tipo de productos a la venta. Más al este, en San Miguel, está el palacio de Malacañang, antigua residencia del dictador Ferdinand Marcos, conocido por haber albergado la amplia colección de zapatos de Imelda Marcos, de más de 3.000 pares. No hay que dejar escapar la visita al cementerio americano, que alberga más de 17.000 tumbas de soldados estadounidenses caídos durante la II Guerra Mundial. Está necrópolis está en Fort Bonifacio.

La oferta museística de Manila es amplia; entre las galerías más reconocidas se encuentran el Metropolitan Museum y el National Museum, con arte prehispánico y pecios de galeones españoles. Muchos consideran la puesta de sol de la capital filipina como la más hermosa del planeta. Y para disfrutarla, nada mejor que acercarse hasta la bahía, preferiblemente apreciarla desde The Manila Hotel, un exclusivo hotel de estilo colonial. Los amantes de las compras encuentran su edén en los malls o centros comerciales de influencia estadounidense. Son además, un centro de encuentro social de los filipinos. El más conocido, que tiene de todo, es el Mall of Asia.

Una gran metrópoli como Manila, ya que en ella conviven más de diez millones de personas, no podía dejar de contar con una amplia oferta hotelera, gastronómica y de ocio nocturno. Los mejores establecimientos de descanso para el turista se sitúan cerca de la bahía de la capital, en el barrio de Makati y el paseo marítimo. El precio de la estancia se encarece cuánto más cerca se emplace de estos lugares. Junto a The Manila Hotel sobresale The Shangri-La Hotel Manila. Más económicos son The Bayview Park Hotel o el Hotel Intramuros.

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