La isla de las especias es Zanzíbar

Cálidas y acogedoras playas de blanca arena y fina o bellos arrecifes de coral. Son dos de los grandes atractivos que encierra la isla tanzana de Zanzíbar, un peculiar destino turístico que desprende un aromático olor a especias

Zanzibar
Foto cortesía de Giorgio Montersino - Flickr.com

En la actualidad, cada vez una mayor cantidad de viajeros se sienten obligados a rendirse ante sus irresistibles encantos, es decir, frente a sus cálidas playas, sus hermosos arrecifes de coral y también, por qué no, a su lustroso pasado lleno de oropel y encanto histórico. El archipiélago tanzano de Zanzíbar, integrado por las islas de Unguja y Pemba, se ha erigido como el mayor productor del mundo de clavo y ha llegado a ser, por su particualridad y exotismo, y por derecho propio, uno de los destinos más atractivos de la costa este de África.

Ugunja se trata de un terreno continental, que cuenta con extensos cultivos, mientras que Pemba, de orografía oceánica, es montañosa y llena de árboles. Es en la primera isla, la más poblada, donde se levanta la Ciudad de Piedra, la antigua capita colonial. Es el fruto del grado de prosperidad que alcanzó en el siglo XIX, dominada por los sultanes árabes. Alberga dos palacios de sultanes, un fuerte, dos catedrales, un gran número de mansiones coloniales y baños de estilo persa.

Zanzíbar conserva intacta toda la magia que conformó su pasado, hecho de historias de esclavos y mercaderes, dominios e invasiones varias. Cuenta, asimismo, con una belleza natural de estilo oriental que se palpa de primera mano cuando el turista pasea por las calles de la Ciudad de Piedra. Entre sus laberínticos viales podrá encontrar los jardines de Forodhani o variados mercados ambulantes donde venden miles de especias. Otras atracciones dignas de ser visitadas son: la Casa de las Maravillas (siglo XIX), el Museo de Palacio, dedicado a los sultanatos, la Mezquita Malindi o la Casa de Livingstone, donde se hospedó el célebre aventurero.

Su parte de costa, sobre todo Chwaka y Uroa, también llama la atención del visitante por sus playas de fina y cálida arena blanca y las palmeras, cocoteros o bananos que ofrecen una perenne sombra. En la zona este surge una llamativa barrera coralina muy cerca de la orilla por donde han aflorado los alojamientos de lujo. En Pemba, lo que resulta ideal es la práctica del submarinismo, que cuenta en sus aguas, además de bellos arrecifes coralinos, con una variada colonia de especies animales.

El interior de la isla también tiene cierto encanto, ya que cuenta con aldeas de nativos y poblados que forman pequeños grupos de cabañas construidos sobre piedra de coral y techumbre de hoja de palmera. En dichas aldeas se ofrece alojamiento al turista y la opción de comer un buen pescado a precios muy razonables.

Los amantes de las compras puede adquirir los kanzus, que no son otra cosa que vestidos largos autóctonos confeccionados de algodón blanco, especias o piezas artesanales de madera en Zanzíbar. En lo que respecta al alojamiento, destacan en esta zona de Tanzania algunos hoteles de calidad como el Emerson and Green, construido sobre un edificio histórico reformado, el Zamani Kempinski, escogido mejor hotel de Tanzania, y el Zanzíbar Serena Inn, emplazado en el Corazón de Piedra y de aspecto y servicio elegantes con bellas vistas al mar.