Isla de Chipre: fortaleza flotante en pleno Mediterráneo

La tercera isla más grande del mar Mediterráneo es una fortaleza flotante anclada entre Turquía, las Islas Griegas, Egipto y Oriente Medio. El tópico del Mediterráneo como encrucijada de culturas deviene en Chipre en una clara realidad que se percibe en las ruinas griegas y romanas, en las murallas venecianas del siglo XV que rodean a la capital, Nicosia, en los castillos edificados por los antiguos cruzados para vigilar la costa y en los frescos bizantinos que decoran las iglesias ortodoxas.

Una línea verde divide Chipre en dos mitades, la autodenominada República Turca del Norte de Chipre y la propia República de Chipre, al sur, miembro de la Unión Europea y conformada por población de origen griego.

La mayoría de los cruceros de turistas que arriban a Chipre lo hacen a través de los puertos sureños de Lemesos y Lamaka. Esta última ciudad cuenta con un agradable paseo marítimo, pero su mayor atractivo es la iglesia bizantina de San Lázaro. En Lemesos merece la pena recorrer el Zoco y visitar el castillo y museo medieval. A cinco kilómetros del casco urbano se encuentran las ruinas de la antigua ciudad aquea de Kourion. Las villas romanas de Gladiadores, Aquiles y Eustolios conservan mosaicos con escenas mitológicas y circenses.

Cuna de Afrodita

La isla mima las piedras que quedan de la antigua tradición: el cercano santuario de Apolo Ylatis, del siglo V antes de Cristo, reúne a visitantes y chipriotas que aún riden culto al destronado dios de la belleza.

Hacia el Oeste, la ruta prosigue hacia Pafos. Allí el viajero se podrá encontrar con mosaicos romanos y tumbas reales, una necrópolis del siglo III antes de Cristo. Aunque el centro de peregrinación aquí es la roca Petra tou Romiu, donde el poeta Homero imaginó el nacimiento de la diosa Afrodita.

La parte turca del país adolece de menos infraestructuras hoteleras, sin embargo, allí reina la tranquilidad. La joya del Norte tiene forma de herradura: el puerto de Kyrenia, con su fortaleza veneciana, es una de las fachadas marítimas más hermosas de Chipre.

Para conocer las dos zonas en un mismo día, sólo hay que pasear por las calles de Nicosia y descubrir sus mezquitas, catedrales, bazares y museos. Precisamente, los amantes de las compras pueden adquirir en la isla oro de calidad a buen precio, llamativas alfombras de lana y bellos encajes.

Nicosia

En Nicosia, a través de la puerta de Famagusta, el turista podrá admirar Laiki Geitonia, un barrio acogedor de angostas calles ideales para perderse y soñar. Los amantes de la historia y la cultura pueden optar por visitar los sótanos de los museos de la Catedral de San Juan, con frescos del siglo XVIII. Más allá, en la zona de influencia turco-chipriota, merece la pena acercarse hasta a la plaza Atatürk y llegar hasta la puerta de Girne por la calle principal.

Fuera del entramado urbano se localiza Troodos, a medio camino entre Nicosia y Limassol, con un verde paisaje conformado por grandes bosques. Las playas más cristalinas se localizan en la zona de Larnaka, el segundo puerto más importante de Chipre. Una estampa similar de bellos litorales tiene también la localidad de Ammochostos. Aquí se puede visitar Agia Napa, antaño puerto pesquero con un hermoso monasterio.

De Limassol cabe destacar su castillo, en cuyo interior se ubica el museo medieval de la isla. Por su parte, en Famagusta, que antaño llegó a ser la ciudad más rica del mundo y escenario de las andanzas del Otelo de Shakespeare, es en la actualidad una ciudad amurallada un tanto abandonada. Han permanecido en pie algunas construcciones de interés como la gótica Iglesia de san Nicolás o la torre de Otelo.

Llega la hora de pernoctar y una de las mejores opciones es el Paphos Thalassa, un pequeño hotel pero grande en servicio, con una espectacular bahía y vistas al primer establecimiento micénico en la isla. Ofrece servicio de mayordomo e infinidad de opciones de ocio.

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