Pripyat, la ciudad fantasma

Cuando de hacer turismo se trata, solemos elegir aquellos lugares que nos brindarán gratos recuerdos para la posteridad, playas de aguas azules, paisajes verdes paradisíacos. Es incontable la cantidad de turistas que salen de su rutina con el afán de encontrar placer y quietud.

Sin embargo, también existe otro tipo de turismo, aquel que atrae a personas deseosas de vivir la historia en vivo y en directo, es ese turismo que emociona no por mostrarnos imágenes típicas de una postal, sino por acercarnos a lo prohibido y peligroso.

Es ese tipo de turismo el que nos llevará a la ciudad ucraniana de Pripyat, una región fantasma contaminada por los recuerdos de una tragedia atómica. Una ciudad donde no existe vida humana y cuyo silencio y desolación son los principales atractivos para quienes se atreven a visitarla.

Ciudad modelo

En la década de los 70 del siglo XX, la extinta Unión Soviética, era uno de los países que promovía el uso de la energía atómica con fines pacíficos. Con ese propósito, implementó la construcción de varias plantas nucleares a nivel nacional. Una de esas fue la planta ubicada en el pequeño pueblo de Chernobil.

A mediados de los 70, esta enorme planta nuclear ya se encontraba en pleno funcionamiento, creando miles de puestos de trabajo y una zona residencial cercana que serviría de hogar para los trabajadores de la planta y sus familias, esta fue la ciudad de Pripyat, que por aquel entonces contaba con 50.000 habitantes.

Pripyat no solo era una más de las varias “ciudades nucleares” que existían en Rusia, sino la más importante de todas. Considerada la ciudad del futuro, en varias ocasiones fue galardonada por su arquitectura y planificación urbana y sirvió de modelo para la construcción de otras ciudades.

Ciudad fantasma

Sin embargo, la vida de esta ciudad cambió trágicamente un 26 de abril de 1986 debido a la explosión de un reactor nuclear de la planta que fue catalogado como el peor desastre de la historia producido por el hombre.

Un día después de la explosión, la vida de los habitantes siguió su curso normal. El fin de semana siguiente, los padres disfrutaban con sus hijos en las calles y parques de Pripyat. El gobierno había mantenido en secreto la emisión de radiación que la explosión había generado. Nadie conocía de ella, ni el país, ni el mundo. Tiempo después, el gobierno justificó esta medida aduciendo que no quería causar un pánico masivo en la población.

Quien recorra las zonas, ahora tristes y sombrías, de Pripyat, se topará con un parque de diversiones temático, el cual estaba listo para ser inaugurado el 1 de mayo de 1986 con motivo del día del trabajo. Sin embargo, se hallaron fotos de personas disfrutando de estos juegos y se acusó al gobierno de hacer funcionar el parque el mismo día de la tragedia con el fin de distraer a la población sobre lo que había ocurrido. Las autoridades negaron tajantemente tal afirmación sosteniendo que las fotos pertenecían a un día en que se realizaron las pruebas de funcionamiento de los juegos.

Solo 36 horas después de ocurrida la explosión, el gobierno dio la orden de evacuar a todos los habitantes de la ciudad, motivo por el cual también las autoridades fueron cuestionadas, pero ellas adujeron en su momento que planificar la evacuación de 50.000 personas toma un tiempo prudencial.

Mucha gente dejó pertenencias en sus casas, pues en un principio se les dijo que podrían regresar en un par de días, pero ya pasaron más de 30 años. Para la tarde del 27 de abril de 1986, Pripyat era ya tierra de nadie.

Turismo

Actualmente, la radiación ha bajado considerablemente en la zona, pero sigue siendo peligrosa para la vida del ser humano. Esta peligrosidad es especialmente atractiva para cientos de turistas de todo el mundo que llegan a Pripyat con el fin de experimentar la cercanía a un mundo post apocalíptico.

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