Liechtenstein - Europa
Foto cortesía de chishikilauren

Emplazado en medio del Viejo Continente y rodeado de otros pequeños países como Suiza y Austria, aparece de la nada uno de los principados más minúsculos del mundo (el cuarto de Europa) que no tiene salida al mar (apenas 160 kilometros cuadrados de extensión). Con un terrreno bastante accidentado debido a su cercanía a los montañosos Alpes, Liechtenstein, conocido también por ser un paraíso fiscal, cuenta con una elevada calidad de vida y tiene paisajes que no desmerecen en belleza a los de su vecino austriaco Tirol. Su calma transporta al visitante a un lugar que parece sacado de un cuento de hadas.

Vaduz es la capital de Liechtenstein y ciudad más importante del país. Aunque apenas alcanza los 5.000 habitantes, su acogedora hospitalidad recibe con entusiasmo al turista. La residencia de los príncipes, símbolo del estado, alza su belleza sobre la pequeña capital. El que antaño tenía las funciones de castillo medieval resultó ampliado y remozado en los siglos XVI y XVII.

El viajero que llegue a Vaduz debe comenzar su itinerario desde el centro histórico (denominado Mitteldorf), donde entre sus calles se ofertan especialidades gastronómicas y, además, se pueden admirar un buen número de casas que son monumentos de interés histórico, sobre todo la Casa Roja.

Los amantes de la cultura tienen varias buenas razones para perderse por sus encantadores lugares hasta llegar al Museo de Arte moderno y contemporáneo, que cuenta con una de las colecciones de propiedad privada más antiguas del Viejo Continente; o el Museo Nacional, que muestra la historia y evolución de este pequeño estado. Mientras, una parada en el Museo Filatélico para disfrutar de sus fondos no es más que una visita de obligado cumplimiento para cualquier coleccionista. Y el Museo del Esquí posee una colección única de objetos y utensilios propios de los deportes de invierno. Asimismo, resulta recomendable realizar una visita guiada con el tren municipal por los alrededores de Vaduz en un recorrido de no más de media hora.

Uno de los mayores placeres de pasatiempo en este pequeño país, debido a sus condiciones geográficas, es la práctica del esquí o de otros deportes de invierno como el snowboard o el trineo. Algunas de las mejores zonas para viajar en familia son Malbun (situada a 1.600 metros de altura) o Steg, localidades caracaterizadas por bucólicos paisajes y majestuosas montañas donde las vacas pastan a sus anchas.

Otros destinos ideales para emprender excursiones en los alrededores de Liechtenstein no se encuentran muy lejos: Triesenberg puede convertirse en punto de arranque al tener un museo de arte regional y otro de fondo y estilo moderno ideado por el equipo de arquitectos de prestigio Morger, Degelo & Kerez. Su iglesia parroquial fue construida en el siglo XVIII y la cubierta de su campanario tiene forma de bulbo. Liechtenstein ofrece valles de gran encanto a través de hermosos espacios naturales protegidos en los que se puede practicar senderismo en su red de 400 kilómetros de rutas señalizadas.

Triesen, una de las 11 comunidades que conforman el país, en la ribera del Rhin es uno de los principales destinos para alojarse que escogen los turistas que viajan a Liechtenstein. Aunque los precios son un poco elevados.

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