Damasco
Tienda de souvenires, Damasco
Foto cortesía de D Javi - Flickr.com

Considerada por algunos historiadores la ciudad habitada más antigua del mundo con más de 6.000 años de existencia, Damasco se perfila como un destino embriagador por el encanto que exhalan sus mezquitas, el bullicio de los mercados y un permanente olor a especias entre sus calles. La capital de Siria, a la que Mahoma rehusó entrar porque sólo podía acceder al paraíso cuando muriese, disfruta ahora de una mezcolanza vital a todas horas en la que se alternan los vendedores de leche con los oradores de religión musulmana, quienes conviven en armonía con los cristianos. Aquí sí es posible rememorar el pasado lustroso de las Mil y una noches, con los vestigios que aún permanecen.

Antigua cuna de poderosas civilizaciones, en Damasco, cuyo recinto amurallado con siete puertas le confiere un aspecto medieval, se puede visitar, entre otras maravillas, las ruinas romanas del templo de Júpiter, los restos de Juan el Bautista en la mezquita de los Omeyas o la tumba de Saladino, el infiel que venció a las cruzadas cristianas y liberó Jerusalén de sus dominios.

De pasado esplendoroso, la actual Damasco se encuentra dividida en dos partes: la nueva, con edificios modernos y buenos hoteles, y la ciudad vieja, en la que se amontonan las joyas patrimoniales. Por ello todo el conjunto está considerado Patrimonio de la Humanidad. Repleta de mezquitas, pues se concentran aquí unas 700, la zona más añeja tiene el privilegio de albergar la gran mezquita de los Omeyas (siglo VIII). Cuenta con un gigantesco patio de 122 metros de largo. Parte de su interior se halla profusamente decorado con mosaicos dorados y suelo de mármol. A poco más de 100 metros de la zona se yergue otra maravilla, el Palacio Azem (siglo XVIII), de estilo árabe-otomano. Actual museo de las artes y tradiciones, posee un bellísimo patio con fuente, naranjos y olor a jazmín.

La vida diaria en Damasco se cuece en sus interminables y caóticos zocos. Junto a los habituales y tradicionales puestos de venta de ropas, alimentos o especias, se dan aquí rarezas de todo tipo, como la exposición de medicinas naturales basadas en caparazón de tortuga o cuernos de gacela. El zoco de Al-Hamidiyya es el principal centro comercial de la ciudad. Cómo no, aquí resulta obligado el regateo al efectuar las compras. Una visita a la que no se debe renunciar es la del Museo Arqueológico de Damasco. Alberga piezas de la ciudad de Ugarit, donde se descubrió el primer alfabeto de la historia de la humanidad. También sobresale la sinagoga judía de Doura Europos. Sus frescos narran escenas del Antiguo Testamento en perfecto estado de conservación.

Después de un extenuante viaje y si entra el apetito, el turista comprobará que Damasco cuenta con una oferta culinaria variada y exquisita. Como ejemplo de la diversidad de platos destacan algunos como el taboulé de verduras, el shawarma con cordero o pollo, el kebbe (empanada de trigo rellena de carne), el burek (hojaldre con queso), el humus con ajo y aceite, el falafel o el yalanji, que son más que hojas de parra rellenas de arroz. Y cómo no sus sabrosos pasteles en los que abundan la miel y los frutos secos.

La oferta hotelera de la capital de Siria también incluye la hospitalidad de la que hacen gala los lugareños. Uno de los hoteles más destacados es el Cham Palace, emplazado en la calle de Mayssaloum. La habitación doble sale por más de 200 dólares. No resulta un viaje económico desplazarse hasta Damasco, pero si se rastrea bien por Internet se pueden encontrar buenas ofertas que incluyen desplazamiento y alojamiento. Mejor visitarla fuera de los meses de verano por el excesivo calor que empapa a la ciudad.

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