Gastronomía en Praga

En Praga, un restaurace es un restaurante propiamente dicho, a veces formal y relativamente caro, pero no siempre. Si el viajero prefiere algo más sencillo, debe buscar un pivnice, un hostinec o un hospoda (tabernas), que normalmente son aceptables. Si quiere beber vino con la comida, en lugar de cerveza, acuda a un vinárna. En la práctica, tanto un restaurace como un vinárna sirven cerveza y vino, pero en estos últimos la selección es más amplia. Para un bocado rápido, lo mejor es buscar un buffet.

En los locales más sencillos la cocina puede ser rudimentaria y a menudo lo mejor y más sabroso son los chlebicky, bocadillos de salchicha, jamón u otros embutidos, con queso y otros acompañantes como crema agria, pepinillos en vinagre o rábanos, entre otros ingredientes. Algunos de los cafés con más solera (kavárna) también sirven platos sencillos. La calidad y la higiene suelen ser mejores que en los puestos callejeros de salchichas y bocadillos.

En las tabernas y los restaurantes más sencillos es corriente compartir mesa. Se almuerza a partir de las 11.30 y se cena en torno a las 19. Excepto en Praga y otros lugares turísticos a veces es muy difícil conseguir una cena caliente después de las 21 horas.

En los restaurantes, la carta puede ser un obstáculo. Algunos términos habituales son veprové (cerdo), hovezi (buey), klobasy (salchichas), hranolky (patatas fritas), rostu (asado), smazeny (frito)... Los nombres de los platos a menudo resultan difíiles de entender, ya sea porque aluden a métodos especiales de prepaparación o porque son nombres imaginativos creados por el cocinero. Los camareros suelen recomendar los platos más caros o los que consideran más familiares para el cliente, lo que reduce la probabilidad de probar buenos platos tradicionales.

Casi todos los restaurantes, excepto los más sencillos, como las tabernas de pueblo, tienen la carta traducida al alemán y en ocasiones al inglés. En el centro de Praga el visitante podrá encontrar tabernas llenas de humo que sirven comida sencilla a auténticos ejércitos de clientes habituales. Como no son establecimientos dirigidos al turismo, la carta suele estar sólo en checo, pero se come muy barato.

En las áreas más frecuentadas como Malá Strana, la Ciudad Vieja o el barrio judío existen muchos restaurantes, muy caros para los bolsillos checos, pero de muy buena calidad que sirven excelentes platos internacionales. No suele haber problemas de comunicación con los camareros y la selección de bebidas es amplia.

En los distritos residenciales de moda los turistas encontrarán numerosos y acogedores restaurantes de barrio que sirven básicamente cocina checa con con una modesta seleción de vinos y cervezas. Otros sirven pasta o cocina francesa e, incluso, india.

Hay que revisar la cuenta antes de pagar. En los establecimientos más modestos, el camarero suele garabatear la suma en un papel y enseñar el resultado. Conviene tener una idea del importe total para quejarse en caso de desfase. En ningún restaurante checo se paga por el servicio, aunque muchos locales orientados al turismo intentan cobrarlo a sus clientes extranjeros con sumas adicionales de hasta un 20%.

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