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Manaos, con sus 1,5 millones de habitantes, se ha convertido en la puerta de acceso y centro comercial por excelencia de la selva amazónica brasileña, declarada Patrimonio de la Humanidad. Ciudad portuaria de talla internacional, situada a 1.500 kilómetros de su desembocadura y a ras del nivel del mar, se trata de una urbe con humedad y no muy adecentada. La intensidad de su tráfico fluvial, que comunica por vía marítima la ciudad con muchos de los grandes puertos allende los océanos, ha permitido un espectacular crecimiento del turismo en Manaos en los últimos años.

A ello ha contribuido, sin duda, su muelle flotante, que ha originado a su alrededor todo una extensa estructura de almacenes, restaurantes y tiendas instaladas sobre balsas conectadas por pantalanes extendidos por las riberas del río Negro.

ImagenSus conocidos palafitos (cabañas construidas sobre pilotes en Manaos), proyectadas para soportar los desniveles estacionales de los ríos, también atraen la curiosidad viajera y de alojamiento diferente a lo convencional. La mayoría de los cruceros por el Amazonas empiezan o terminan en Manaos, territorio de junglas y aventura. Descubrir las peculiaridades de esta inmensa selva tropical es un viaje obligatorio para cualquier visitante de Brasil. Hogar de pletóricos animales, insectos, plantas, fascinantes tribus indígenas,… una delicia de mundo por explorar.

Manaos dispone de una infraestructura urbana con porte de urbe de medio tamaño y una tupida red de ocio y comunicaciones: restaurantes, hoteles, aeropuerto, dos carreteras principales para acceder, centro de congresos, centros comerciales, hospitales, una red viaria bastante amplia, holgadas avenidas y algún que otro rascacielos que casi acarician las nubes. Obras públicas y residencias permanecen hoy como testigos de la época de explotación del caucho que repercutió en el enorme crecimiento de la metrópoli. También destaca el teatro Amazonas y la plaza San Sebastián, la Aduana, el mercado municipal (casi idéntico al de Les Halles de París), el palacio Río Negro, actual sede del gobierno del estado, así como un sinnúmero de plazas y jardines.

La oferta de hoteles en Manaos es amplia, variada, de calidad y un poco peculiar por el emplazamiento donde se ubica la urbe, en plena selva. El visitante que desea hospedarse en esta ciudad brasileña tiene a su alcance un ramillete de opciones: Hoteles, apartamentos, posadas, cabañas, palafitos,… a precios muy diversos, desde 50 euros la noche (70 dólares).

Los hoteles en pleno corazón de la selva ofrecen paquetes completos que incluyen, además de la acomodación, servicio de transporte desde Manaos, alimentación completa, excursiones por la jungla y ríos acompañadas de guías.

ImagenUno de los alojamientos más curiosos del lugar es el hotel Ariau Towers, que posee algunas suites construidas sobre las copas de los árboles, todo un placer para los sentidos. En su complejo se expanden ocho torres rodeadas por la selva amazónica, desde donde se puede disfrutar de las fascinantes vistas del bosque y de su biodiversidad. Entre las actividades que se pueden realizar destacan la pesca de pirañas, el senderismo por la jungla y la natación con delfines.

Este lujo tiene un precio por noche: (casi 400 dólares) Los más acomodados tienen la opción de surcar el Amazonas, el río Negro o sus afluentes en confortables y lujosos yates o en barcos regionales dotados del confort que proporcionan el aire acondicionado y los camarotes con baño privado.

Los fanáticos de las compras tienen su propio paraíso en Manaos: la Zona Franca, donde se vende una enorme diversidad de productos procedentes de todo el mundo, que además están libres de impuestos. Desde radios y equipos electrónicos hasta alta joyería, perfumes, juguetes, relojes, hierbas aromáticas, motos o porcelanas chinas.

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