Degas
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Están de paso, vienen de París. Es el momento de visitarlas. Son algunas de las joyas del Museo parisino D’Orsay. Son un grupo de obras maestras del Impresionismo que se exponen por primera vez en España. La ocasión merece un viaje a la ciudad de Madrid.

Es una oportunidad única de disfrutar de noventa grandes piezas reunidas en la Sala de Exposiciones Recoletos bajo el título de Impresionismo.

Un nuevo renacimiento, con obras de maestros como Manet, Monet, Renoir, Sisley, Pisarro o Cézanne, entre otros. Ya sólo adentrarse en el edificio que alberga la exposición merece la pena. Es un bello palacio que construyó el arquitecto Agustín Ortiz de Villajos entre 1881 y 1884 para la duquesa de Medina de las Torres, en la actualidad perteneciente a la Fundación Mapfre, enclavado en una de las zonas más interesantes de Madrid: Cerca del Museo del Prado, del Paseo de la Castellana, de una de las zonas de compras más exclusivas de Madrid (calle Serrano), del Museo Thyssen o del Centro de Arte Moderno Reina Sofía.

La muestra se ha vertebrado en dos de las cuatro plantas del edificio, magníficamente ambientadas para acoger a estas maravillosas piezas, con una sala dedicada a los pintores de la Escuela de Batignolles, otra titulada El Año Terrible y una tercera enfocada sobre el llamado Hispanismo Parisino. Son las obras que rompían las convenciones pictóricas, las de los vanguardistas del París de los años 70 del siglo XIX, muchas de ellas entonces rechazadas por los jurados de los Salones de la época y consideradas como productos de un grupo de lunáticos.

Primer impresionista

El Pífano, el gran soldadito pintado por Manet en 1866, es la joya de la muestra. Este cuadro está considerado por los expertos como el primer avance de la vanguardia impresionista. El panorama pictórico de la ciudad del Sena cambiaría radicalmente después de que Manet visitara el Prado y a Velázquez en Madrid y dibujara esta tela. Es un niño “rodeado de aire”, diría Manet a su amigo Fantin-Latour, un soldado raso, en un lienzo de grandes dimensiones, con un fondo de tonos grises difuminados, que otorga todo el protagonismo a un soldado raso como si de un príncipe se tratara. Esta obra sería rechazada por el jurado del Salón de París de 1866.

Los acuchilladores de parquet, de Gustave Caillebotte, una de las primeras pinturas sobre el proletariado urbano, otra pieza emblemática de la exposición, fue también rechazada en su época, 1875, por su “tema vulgar”, pero su autor lo vuelve a presentar al Salón de 1876, donde Degas da a conocer sus primeras Planchadoras.

Grupo fundador

Una de las numerosas variaciones en poses y gestos de la célebre Clase de danza, de Degas, pintado entre 1871 y 1874, también está presente en la muestra. El baño, del pintor belga Alfred Stevens, quizá pase más inadvertido, pero es otra de las maravillas de la exposición.

En el retrato de Fantin-Latour puede verse casi al completo el grupo de Batignolles (1870). Posando en el estudio de Manet aparecen: Scholderer, Manet, Renoir, Astruc, Emile Zola, Maitre, Bazille y Monet, pero falta la pintora Berthe Morisot, excluida de la participación activa de la vida pública de entonces, como otras mujeres artistas, aunque estuvo considerada como “la única impresionista auténtica” por los críticos. Su tela La cuna, de 1872, también está presente en la exposición de Madrid y es una hermosa muestra de una tierna imagen maternal. Es un cuadro sobre la mirada de una madre.

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