Trinidad y Tobago
Foto cortesía de wonderfulcolours

Trinidad y Tobago son unas islas felices. Situadas a unas millas de la costa venezolana, su territorio comprende poco menos de 5.000 kilómetros cuadrados caracterizados por un paisaje ondulado y boscoso, de playas blancas, aguas transparentes y, sobre todo, una mezcolanza de razas. Este estado independiente del sur del mar Caribe dispone de una naturaleza generosa que ofrece lo mejor de sí traducida en los bosques tropicales que cubren el centro de las islas, tremendamente ricas en flora y fauna salvaje. No en vano, entre Trinidad y Tobago hay 2.300 especies de plantas, 108 de mamíferos, 430 de aves, 620 de mariposas y 50 de reptiles: Caimanes, tortugas, anacondas, boas y serpientes venenosas.

Quizás la principal joya que esconde Trinidad y Tobago sea el bosque pluvial de Main Ridge, la reserva más antigua del hemisferio occidental, 100 kilómetros cuadrados de naturaleza preservada desde el siglo XVIII por cutivadores ingleses. A tan sólo 15 minutos de aquí se localizan las cascadas Argyle. La poza a los pies del salto de agua es idónea para darse una zambullida y nadar. Otra visita ineludible para el visitante es la del Asa Wright Nature Centre, auténtico paraíso para los observadores de aves. La gran reserva natural que ocupa el valle de Arina se encuentra a la vanguardia de la conservación de plantas y animales amenazados de extinción. Aquí encuentran refugio unas 170 especies de pájaros de colores llamativos: Tucanes, picamaderos, gorriones, tejedores colibríes, guácharos, rapaces, papagayos y loros.

En la costa suroeste de Tobago, al norte de Crown Point, donde se encuentra el aeropuerto, está Pigeon Point, el extremo de una kilométrica y blanca playa. También merece la pena acercarse hasta la idílica Englishman's Bay, situada en la costa septentrional de Tobago, entre los pueblos de Castara y Parlatuvier, aunque la playa más popular de Trinidad es Maracas Bay, ubicada al norte de Puerto España, la capital. Las costas de Trinidad son relativamente poco accidentadas y en ellas llama la atención, pese a la latitud y el calor de las aguas marinas, la ausencia casi total de arrecifes de coral vivos.

A Trinidad y Tobago se las conoce, además, por dos signos característicos propios que la diferencias de sus vecinos caribeños: El calypso, un ritmo afrocaribeño que se toca con unos tambores metálicos, fabricados a partir de barriles de petróleo reciclados, y cómo no, su Carnaval, la cita más importante del año y considerado como uno de los más bellos del mundo.
Como destino turístico de auge cada vez mayor, la belleza de su paisaje caribeño se traduce en una oferta hotelera de calidad. Destacan alojamientos como el Hotel Normandie, de tres estrellas, con ambiente familiar y rodeado de tiendas de artesanía y galerías de arte, o bien el Asa Wright Nature Centre, rodeado de un bosque pluvial.

Puntaje: 
Su voto: Ninguno Promedio: 3 (2 votes)