Courchevel
Rampa de salto antes de la bolsa de aire, Courchevel, Francia
Foto cortesía de magicmonkey / Kevin

De la unión de cuatro estaciones en los Alpes franceses (Courchevel, Méribel, Val Thorens y Les Menuires) surge el área para esquiar más extensa del mundo, con un total de 600 kilómetros de pistas, 200 remontes y una nieve de primera calidad. En total se concentran 171 pistas azules, 314 rojas, 115 negras y una en glacial. Dedicados al esquí de fondo hay 118 kilómetros, mientras que se pueden encontrar 1.920 cañones de nieve.

Val Thorens es la que tiene la base a mayor altitud de Europa, a 2.300 metros, y su cota máxima alcanza los 3.230 entre glaciares, por los que se puede esquiar hasta bien entrada la primavera. Con habilidad con los esquís es posible ir de una punta a otra de los Tres Valles en hora y media. Resulta un paraíso para esquiar fuera de pistas.

Courchevel, la situada más al este, rezuma glamour. Cuatro de sus restaurantes tienen dos estrellas Michelin. Y seis de las 26 quintas estrellas para hoteles que se otorgaron para Francia recayeron en este complejo de lujo. Esta estación se divide en dos: Courchevel 1650, de ambiente más relajado y pistas sencillas, y Courchevel 1850, con servicio de telecabinas y al que se vuelve esquiando entre tupidos bosques y descensos exigentes.

Méribel, en el centro, conserva una atmósfera más local, debido a que predomina la arquitectura de chalés. Gracias que aquí se celebraron algunas de las pruebas de los Juegos Olímpicos de Albertville, en 1992, tiene instalaciones deportivas espectaculares.

Bellos descensos, pistas de ski inigualables

El fondo sur siempre está mejor provisto de nieve y depara dos bellos descensos desde el Mont du Vallon, a 2.952 metros. Desde aquí se salta a Val Thorens por una única vía. Más abajo se despliega la estación Les Menuires. Es de ambiente familiar, aunque tiene descensos de primer orden y bajadas bucólicas entre granjas. En Les Menuires, esquiar por la noche es como hacerlo a mediodía, el goteo de gente es continuo.

La joya de la corona se la lleva Val Thorens por su altitud. No destaca demasiado por su belleza, sin apenas árboles y compuesto por feos apartamentos donde no hay mucho que hacer excepto que salir a los bares. Pero las sillas dejan al esquiador junto a unas excelentes pistas donde la media de nieve ronda los nueve metros.

Largas colas se amontonan en la Cìme de Caron, a 3.200 metros, por un largo cable que admite hasta 150 personas por cabina. Este lugar ofrece una hermosa panorámica que alcanza el Mont Blanc, el techo de los Alpes. Otras opciones pasan por atreverse con la pista negra de Comb de Caron, que devuelve a Val Thorens o bien acudir a un pequeño valle glacial con pocos descensos.

Alojarse en los Tres Valles puede ser un dispendio, sólo apto para unos privilegiados, pero también existen opciones más asequibles, como el Manali, en Courchevel, Les Sherpas, Le Cheval Blanc en Val Thorens, o Les Pres du Rosay o Soleil Pierre Blanche, en Les Menuires.

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