No llega al kilómetro cuadrado de extensión y ostenta unas riquezas que para sí las quisieran algunos de los países más poderosos del mundo. El reducido estado del Vaticano, además de albergar la Santa Sede y ser cobijo residencial del Papa, cuenta con joyas artísticas como la Plaza y Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina o los Museos Vaticanos.

El Vaticano
Foto cortesía de gongfu_king - Flickr.com

El estado más pequeño del mundo, de apenas 0,44 kilómetros cuadrados de extensión y ubicado en plena ciudad de Roma, es también el menos poblado (no llega al millar de habitantes) y presume de albergar como ilustre vecino al representante de Dios en la Tierra según la religión católica: el Papa, y contar con un extenso patrimonio arquitectónico y monumental.

El territorio del Vaticano, sitio de la Santa Sede desde el siglo XIV, comprende la Basílica y la plaza de San Pedro, sus palacios y jardines, la iglesia y el palacio de San Juan de Letrán, la residencia estival papal de Castelgandolfo y 13 edificios en las afueras, entre ellos la Basílica de Santa María la Mayor o San Pablo Extramuros. Sólo por contemplar los inmensos tesoros artísticos que posee, bien vale coger un avión y emprender rumbo a la capital italiana.

El itinerario por el Vaticano puede comenzar con la visita al Castillo de Sant Angelo. Mausoleo de antiguos emperadores romanos, se trata de una fortaleza en la que se refugiaban los papas en épocas pasadas de peligro. Cuenta con un pasadizo que llega hasta el territorio papal y valiosas colecciones de muebles, tapices, pintura, armas y armaduras. La impresionante Plaza de San Pedro, repleta de turistas a cualquier hora del día, deslumbra por su tamaño, su obelisco central y las majestuosas 285 columnas del gran artista Bernini que la rodean en forma de abrazo. Inquilinos de postín aquí son también los integrantes de la Guardia Suiza, cuerpo militar que custodia el Vaticano.

Desde aquí se accede a San Pedro del Vaticano, la basílica cristiana más bella de todo el planeta. A destacar su baldaquino (de Bernini), la tumba de San Pedro y la grandiosa cúpula obra de Miguel Ángel. También de este genial artista se puede visitar la escultura de La Pietá, única obra que firmó. El recorrido por la basílica conduce al visitante hasta la no menos magnífica Capilla Sixtina, cónclave donde se escogen a los papas. Sus impresionantes frescos pictóricos en la bóveda del techo y paredes laterales con escenas bíblicas y el también colosal Juicio Final dan fé del genio creador de Miguel Ángel.

El arte con mayúsculas se concentra en los Museos Vaticanos, de obligada visita que ocupa más de un día. Se trata del complejo de galerías artísticas más grande del mundo que comprende 1.400 salas, estancias, palacios y numerosísimas obras de arte. Los que están abiertos al público incluyen el museo Gregoriano Egipcio, el Gregoriano Etrusco, la Pinacoteca, el museo Misionero Etnológico, el museo histórico del Vaticano, las estancias de Rafael en los Palacios Pontificios o el apartamento de los Borgia. No menos importantes son las galerías de tapices, mapas o carruajes.

A todo este conjunto de museos también pertenece la Biblioteca Vaticana, sin duda una de las mejores del mundo por su más de millón de libros. Algunas de las mejores obras artísticas que aquí se conservan son las esculturas de Augusto de Prima Porta, el Doríforo, Laocoonte y sus hijos o el Torso de Belvedere, así como pinturas de Leonardo Da Vinci, Giotto o Caravaggio.

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