museos del vaticano
Salón Sixtino, Museo del Vaticano
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No existe estado más menudo del mundo que aúne en sus apenas 0,4 kilómetros cuadrados tanta acumulación de obras de arte. Pero no meras obras, sino auténticos tesoros albergan los Museos Vaticanos.

Giotto, Leonardo Da Vinci, Rafael, Miguel Ángel o Caravaggio son algunas de las estrellas de un paraíso que se encuentra entre las expresiones más originales de la creatividad humana. Sus mejores obras pictóricas, edificios pontificios, monumentos, esculturas y jardines forman parte de los tesoros que albergan los Museos Vaticanos. Estas impresionantes galerías de arte (Viale Vaticano Ottaviano, 15 dólares la entrada), claras exponentes de la riqueza patrimonial que posee la Iglesia Católica en el estado más pequeño del mundo, constan de ocho submuseos, tres largas galerías, la Biblioteca de Sixto V (una de las mejores del mundo), el Apartamento Borgia, la Capilla Sixtina, las Estancias de Rafael y la Pinacoteca Vaticana. En total se concentran más de 460 pinturas en este último conjunto. Sólo por estas razones los museos merecen una obligada visita, aunque el turista deba esperar largo trecho para entrar a su llegada, ya que las colas que se originan a diario son vastísimas.

La Capilla Sixtina, uno de los mayores logros del arte italiano, tiene como puntal expositivo el episodio de la Entrega de las llaves del Reino de los Cielos, de Pietro Perugino. Pintores como Botticelli o Ghirlandaio dibujaron al fresco las paredes laterales con historias de Moisés y Jesucristo. La estancia se completa en el siglo XVI gracias a los frescos de la bóveda con las vicisitudes del Génesis (con la célebre pintura central de la Creación del hombre) y, en la pared del fondo, el Juicio Final, obras ambas del genial Miguel Ángel. Un torbellino de cuerpos monumentales ocupan todo el espacio. Es imposible que el visitante no quede anonadado ante tanta belleza junta.

El fresco de la Escuela de Atenas (1509) es la obra más importante del complejo de espacios conocido como las Estancias de Rafael, formadas por cuatro hermosas salas (Signatura, Heliodoro, Incendio del Borgo y Constantino). También es digna de elogio, sin duda, La Transfiguración, que aúna bellos colores, potentes formas y espiritualidad a partes iguales. El Parnaso o La disputa del sacramento, asimismo, exhalan majestuosidad. Mientras, en El Descendimiento (1604), Caravaggio representa a Cristo sobre la losa con la que se cerrará el sepulcro en una obra de gran realismo. Recuerda a la Piedad de Miguel Ángel. Otro genio del arte, Leonardo Da Vinci, tiene en el Vaticano su pequeño espacio con la pintura San Jerónimo (1482), una de sus obras más enigmáticas. El Tríptico Stefanechi (1315-20), de Giotto, se pintó para el altar mayor de la vieja Basílica de San Pedro. La tabla está pintada por los dos lados.

El arte es inacabable en el Vaticano y sus más preciadas joyas se suceden una tras otra. En sus museos también es posible encontrar, entre otras, las magníficas colecciones de Tapices, Mapas y Carruajes. En el apartado escultórico, la pieza de mayor lustre es el Laocoonte y sus hijos (siglo I antes de Cristo), que refleja el momento en que el sacerdote troyano y sus vástagos son ejecutados por serpientes enviadas por los dioses. De gran importancia son también el Torso de Belvedere, el Apoxiomenos, el Doríforo y el Augusto de Prima Porta.

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