Turismo Greeter

Greeters son amigos, ciudadanos de varios países que gratuitamente se ofrecen a mostrar su ciudad a los turistas. No son guías profesionales, no cobran dinero por su tiempo y dedicación. Acompañan grupos no mayores de 6 personas, por el tiempo que acuerdan de antemano.

Hay Greeters en Adelaide, Melbourne, New York, Chicago, Houston, Toronto, Nantes, París, Lyon, Thanet y Buenos Aires. En Argentina, se llaman “Cicerones”.

El turista envía un mail a la organización greeter de la ciudad que va a visitar, en lo posible con antelación suficiente. La organización contacta al solicitante con el greeter mas “adecuado”, especialmente cuando requieren que hable un idioma distinto al del lugar que van a visitar. O por afinidad: Edad, profesión, etc. El greeter contacta via mail al visitante. Acuerdan fecha, hora y lugar de reunión. A veces el recorrido, o los puntos de interés.

El greeter conoce y ama su ciudad, quiere mostrarla, contar como se vive. No siempre los turistas llegan con una idea clara. A veces es un puerto más en el itinerario de un crucero, otras conocen vagamente un personaje porque lo vieron en cine. Gracias al greeter, el turista conocerá la ciudad, y podrá llevarse después de unas horas, una opinión más.

Los greeters eligen esta actividad porque desean colaborar, explicar, mostrar, y su “paga” más reconfortante es el agradecimiento del turista, el intercambio que hacen con él, de costumbres y culturas. Por ejemplo, como saludamos en nuestro país y como lo hacen ellos en el suyo. En muchos casos es el comienzo de una nueva amistad a miles de kilómetros, que se mantiene por mail, chat, o visitas posteriores.

Al encontrarse, generalmente en el lobby de su hotel, le explican en detalle al turista su función, le preguntan que lugares conocen, si ya estuvieron en la ciudad, y cuales le gustaría visitar. Comienzan el recorrido, generalmente por sitios históricos, y van percibiendo en el otro, el interés que le despiertan. No todos quieren visitar museos, ni viajar en ómnibus para turistas: Prefieren viajar en subterráneo, en tren, con la gente que va a trabajar o estudiar.

La duración del paseo, depende de muchos factores. Por supuesto si el turista dispone de pocas horas antes de tomar su vuelo de regreso, se puede hacer una visita super rápida. En cambio, si es su primer día y va a permanecer varios más, se puede pasear tranquilamente, e incluso acordar para continuar otro día.

No todos los greeters son iguales, ni todos los turistas lo son. La gran mayoría llega con buen ánimo, están bien predispuestos, comparten un café o un almuerzo para recargar las baterías. En esos casos los greeters se hacen cargo del gasto de los turistas.
Los temas que más consultan son: Historia, arte, política, economía (donde cambiar dinero, ayuda en los cajeros automáticos cuando no tienen opciones de idiomas), deportes, educación, salud, seguridad (que lugares es conveniente evitar, en qué horarios).

En todas las salidas los mismos greeters, descubren cosas nuevas de su ciudad. Un greeter cuenta: “A mí personalmente no me agrada mucho visitar los cementerios. Y todos los turistas que llegan a Buenos Aires quieren ir al Cementerio de la Recoleta, donde descansan los restos, entre muchos personajes históricos, de Evita Perón. Al principio, los esperaba cuando salían, en el hall del cementerio. Después tuve que entrar porque algunos turistas al no hablar español no encontraban la bóveda famosa. Un “cicerón” nos dio una excelente lección, sobre historia, religión, arte, sociología, economía, recorriendo el cementerio. Ahora lo visito sin problemas, hasta pasé cuatro horas ahí dentro con un turista luxemburgués aficionado a la fotografía, mientras cambiaba lentes, buscaba mejores ángulos y arrojándose al piso fotografiaba un gato de los muchos que habitan el cementerio, que lo miraba con cierto desdén...”

Cada visita es enriquecedora, para el turista y también para los greeters. Terminan quizás algo cansados físicamente, pero muy felices.

A quienes viajen, les puede servir consultar si existen greeters en su lugar de destino, la experiencia es muy buena. También para los que quieran sumarse como voluntarios. Quizás algunos se animen y organicen nuevos programas en ciudades que hoy todavía no los tienen.

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