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Ruinas de Cartago
Foto cortesía de Samuel Negredo -Flickr.com

El Mediterráneo tunecino trae hasta la orilla de las playas de los centros turísticos los ecos de un pasado que se muestra en sus museos y se recrea en las medinas. Lejos del tupido desierto, el país norteafricano también existe. Sólo por visitar las ruinas de la antigua Cartago, declaradas Patrimonio de la Humanidad, ya merece la pena visitar Túnez, cuya capital, del mismo nombre, se abre al turista con mucho que ofrecer: Platos de cobre, teteras, pañuelos, turrón de almendras, especias, aceitunas, dátiles, dulces con miel, mandarinas, oro al peso, hierbas medicinales, afrodisíacos, lámparas, telas, alfombras, babuchas, chaquetas de cuero, curtidores, alabarderos, guías, carne fresca, rezos...

La ciudad de Túnez se divide en dos, la parte antigua y la nueva, separadas por la Porte de France, que preside la Place de la Victorie. La medina tunecina es un enjambre de callejuelas y comercios en torno a la mezquita Zeiotuna, la Gran Mezquita, del siglo VII. Para visitarla hay que ser musulmán. Desde la Rue Sidi Ben Arous se puede admirar su alminar. Muy cerca de allí abre sus puertas a todo el público la medersa Suleimania, antigua residencia para estudiantes con habitaciones profusamente ornamentadas.

Para empaparse de la cultura local, nada mejor que acercarse hasta el Museo Regional de Artes y Tradiciones. El paseo por la capital sigue entre mezquitas (El Ksar, Sidi Youssef Dey, Mohamed Bey el Mourady), mausoleos, tiendas de cobre, calzado o de trajes orientales. Las fachadas de estilo Art Déco de la Avenue de France y el parque Belvedere dan paso al Museo del Bardo, auténtica joya de Túnez. A solo tres kilómetros del centro se localiza el antiguo Palacio del Bey, que alberga algunos de los mejores mosaicos romanos del mundo. También del legado romano merece la pena escaparse hasta la ciudad de Thysdrus para visitar el anfiteatro de El Djem, el mayor de África y el cuarto de todo el mundo.

Algunas de las mejores playas del norte de África se ubican en Túnez, que posee 1.300 kilómetros de costa. Destacan las de Monastir o Hammamet. Sousse es el destino favorito de los amantes del buceo. Declarada Patrimonio de la Humanidad, su medina es una de las más grandes del país, rodeada por una muralla del siglo IX. En el sur de Túnez emerge la isla de Djerba, la de las cien mezquitas, famosa gracias a Homero y su cerámica.

Túnez es, para los amantes del shopping exótico, todo un paraíso. Durante su estancia, el visitante no debe olvidar acudir a algún hammam o baño público, uno de los centros de la vida local. Como destino turístico de primer nivel, la oferta hotelera del país es amplia y de calidad. Destacan alojamientos como la Residence de Charme Dar Said que, desde los 166 dólares ofrece una exquisita decoración árabe y hammam en un hotel con encanto alejado de los resorts que salpican la costa del país.

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