India
Cortesía de rAmmoRRison - Flickr.com

La democracia más poblada del mundo se muestra al visitante como un inmenso mosaico formado por cientos de etnias y tremendas desigualdades sociales. La India es también naturaleza: espectaculares cumbres en el norte del país, playas interminables antaño hogar de los hippies o trópico abrasador. Su paisaje humano tiene mucho de divino. Es el lugar idóneo donde habita el espíritu, sea cual sea el Dios que se alabe. Se trata, sin duda, de un país fascinante en torno al misticismo purificador del sagrado Ganges. Hasta siete religiones (Hinduismo, Budismo, Islamismo, Cristianismo, Suismo, Jainismo y Zoroastrismo) conviven en un país inabarcable.

Para conocer la India a fondo el viajero debe visitar sus grandes ciudades y regiones (Rajastán, Cachemira, Nueva Delhi, Orisa, Calcuta, Bombay, Goa, Kerala, Bangalore o Kernataka), conocer su excelso patrimonio (Taj Mahal) y tratar de disfrutar de sus joyas naturales (río Ganges, Parque Nacional de Corbett).
El norte del país, Rajastán, tierra de las grandes epopeyas, alberga imponentes fortalezas militares de los rajput (antiguos guerreros) y suntuosos palacios de los marajás. En el amplio triángulo entre Jaipur, Bikaner y Delhi, en la región de Shekwati se halla la mayor concentración de pinturas murales del mundo. Las antiguas haveli (espléndidas residencias) son Patrimonio de la Humanidad. Cachemira ofrece la posibilidad de contemplar los jardines de nenúfares de Srinagar a bordo de un houseboat (casas flotantes) hasta los monasterios budistas a los pies del Himalaya.

La capital india, Nueva Delhi, se ha convertido en una metrópoli de 14 millones de habitantes, espejo de las contradicciones y grandezas del país. Coches, rickshaws, elefantes y vacas sagradas comparten el caótico tráfico en una ciudad bulliciosa a toda hora repleta de templos y monumentos. Otra trepidante urbe india es Bombay (13 millones de habitantes), motor del país, cuna del cine de Bollywood y llena de contrastes: rascacielos y una nueva clase rica frente a la marginalidad más absoluta y deprimente. En la aislada Orisa, ascetas en busca de la liberación del alma y viajeros conviven entre más de 60 tribus aborígenes que no permiten fotografías.

Calcuta, la ciudad con doble alma, es tierra de contradicciones con sus praderas del parque de Maidan y el suntuoso palacio de mármol blanco Victoria Memorial Hall frente a chabolas de chapa, calles repletas de gente y multiud de indigentes. Antiguo paraíso de hippies, Goa, urbe divertida y libertina, cuenta con unas bellas playas, más de 106 kilómetros de litorales. Benarés descansa sobre la media luna que forma la ribera del Ganges y es uno de los principales centros de peregrinación hinduista. Por su arte, a orillas del Mar Arábigo emerge la región más alfabetizada de la India, Kerala, un destino obligado para los amantes de la ecología, repleta de canales o backwaters de extensa vegetación donde poder hacer cruceros a bordo de los houseboats.

El tigre de Bengala es el rey de la fauna que convive en el Parque Nacional Corbett, de más de 1.300 kilómetros cuadrados. Más de 20 ejemplares de esta especie felina también se concentran en la reserva de Sariska Wildlife Sanctuary. Muchos turistas visitan la India atraídos por su más destacado reclamo: del Taj Mahal, en Agra, la lágrima de mármol más famosa del mundo y declarada una de las actuales maravillas del mundo moderno.

En la India se puede dormir como un marajá, aunque no todos los hoteles son antiguas mansiones. A lo largo y ancho de todo el país se diseminan alojamientos de gran lujo como el The Asok o The Oberoi Intercontinental, en Delhi, The Park Kolkata en Calcuta, el Grand Hyatt en Bombay o el The Leela Palace Kempinski en Bangalore. Desde los 246 dólares la noche, de media. Se pueden encontrar establecimientos más económicos a través de agencias de viajes o Internet.

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