Maravilla natural en estado puro. Islandia con su Reykjavik, la capital más septentrional del mundo, recibe al turista con un maravilloso catálogo de joyas geológicas que ofrecer. Esta pequeña isla cerca del Círculo Polar Ártico reúne en su territorio volcanes, glaciares, géisers, cascadas, icebergs, fiordos, animales salvajes...

Thingvellir, Islandia
Thingvellir, Islandia
Foto cortesía de Gunnlaugur Þ. Briem - Flickr.com

La irrupción de sus salvajes volcanes la ha catapultado al primer plano mediático hace unos meses. Pero Islandia no sólo escupe fuego de vez en cuando. Esta pequeña isla emplazada en el extremo de Europa, con 320.000 habitantes sobre 103.000 kilómetros cuadrados de superficie, esconde otras espectaculares maravillas naturales que merece la pena visitar tales como icebergs, géiseres, cascadas increíbles, fiordos, acantilados o caballos en estado de libertad. Bajo la melodía de su cantante más famosa, Björk, todo turista que arribe a este país de entorno casi virgen tendrá la oportunidad, además, de explorar sus impresionantes montañas, disfrutar de sus saludables aguas geotermales, emprender excursiones únicas a glaciares y parques naturales, avistar ballenas o bien practicar todo tipo de deportes al aire libre (trekking, golf, rafting,etc.)

De pasado vikingo, Reykjavik es la capital de Islandia y ciudad más importante del país. Debido a su posición geográfica, muy cerca del Círculo Polar Ártico, se trata de la capital más septentrional del mundo. En el duro invierno apenas recibe no más de tres horas de luz natural y en verano las noches son tan nítidas y blancas como el día. Reykjavik se presenta al visitante como una ciudad calmada, con amplias calles y enormes zonas verdes que suelen acoger multitud de actividades de todo tipo. Un paseo por su casco antiguo descubre los edificios de mayor interés como el Parlamento (siglo XIX) y la Casa de Gobierno (mediados del siglo XVIII). Cerca están el Teatro Nacional y la Librería.
Mientras, en el área universitaria se ubican el Museo Nacional y la Casa Nórdica.

La capital islandesa tiene, además, numerosas iglesias antiguas y nuevas, como la elevadísima Hallgrímskirkja, sin duda la estructura edilicia más llamativa de Reykiavik. De estructura similar a una montaña de lava basáltica, está coronada con una torre de 75 metros. Pero quizás la señal más representativa de Islandia sea su naturaleza agreste, y de entre sus maravillas, los aguerridos volcanes que de tanto en tanto entran en erupción. No en vano inspiraron las fantásticas aventuras relatadas por Julio Verne.

Una de las más bellas caídas de agua del país es Seljalandsfoss. De 60 metros de altura, procede del río Seljalandsá. Otra cascada más menuda, pero también interesante de admirar es la Gljúfurárfoss. Si hablamos de joyas naturales locales sobresale la Laguna Azul, que se erige más bien como una piscina de pálidas aguas a 20 grados de temperatura emplazada a 50 kilómetros al sudoeste de Reykiavik. Sus sedimentos de sílice, mezclados con algas muertas alivian la psoriasis.

En el denominado Triángulo de Oro, a medio centenar de kilómetros al nordeste de Reykjavik, se halla el impresionante trío islandés de maravillas geológicas: el valle de Thingvellir, la cascada de Gullfoss y las surgencias de Geysir. La primera es una vasta planicie donde se separan las placas tectónicas euroasiática y americana sobre las que se asienta el país, separadas por una brecha de siete kilómetros. La cascada de Gullfoss es una doble caída agua de más de 30 metros enmarcada por columnas de basalto. Por último, Geysir se trata de una de las zonas de actividad termal más activa de todo el planeta.

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