Foto de Daniel Stack

El río vive en Paraná

Rio Parana en Argentina
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La capital de la provincia de Entre Ríos es un destino digno de ser ponderado dados sus privilegios como espacio turístico desde varios “ángulos” de apreciación. El gigantesco río Paraná, cercano pariente del mar, baña el oeste de esta ciudad argentina, situada en la zona central de la provincia, propiciando atractivos balnearios, una franja incomparable de vegetación “civilizada” por la mano del hombre donde las barrancas, la flora y el ancho caudal dejan entrever el improvisado y salvaje atractivo de la Mesopotamia argentina.

Toman aquí importancia la pesca deportiva y los deportes náuticos, disfrute que aprovecha una de las extensiones de agua dulce y potable más importantes del planeta. La gigantesca arteria fluvial permite paseos y travesías en naves de gran calado en excursiones apasionantes que incluyen el recorrido entre las muchas islas que pueblan el río.

Para los amantes de la naturaleza esta opción no tiene desperdicios. Así lo “dicen” sus bancos de arena blanca, sus meandros por la ribera, la belleza “despreocupada” de sus islas, la imponente topografía de sus barrancas verdes, cuyos desniveles permiten una mirada panorámica espectacular

No se debe renunciar al disfrute de recorrer, en esta moderna urbe, su remodelada Avenida Costanera, distender la vista y el espíritu a lo largo de sus dos kilómetros inolvidables ricos en entretenimientos, parrillas, canchas, instalaciones sanitarias y actividad joven: Festivales y eventos de todo tipo.

Los balnearios públicos y privados, como el Club de Estudiantes o el Rowing Club con instalaciones completas le confieren al lugar un halo de entusiasmo y vitalidad. En Paraná funcionan casi 20 clubes deportivos y se han reconocido nueve monumentos históricos lo que la convierte en un atractivo en varios sentidos, con una excelsa manifestación expresiva de la naturaleza madre.

No faltan aquí los centros de esparcimiento y diversión, casinos, pubs, cines y teatros, discotecas y boliches bailables son tentadoras ofertas amenizadas por la exquisita comida que ofrecen los profesionales de la gastronomía paranaense.

Tanto en la apacible vida diurna como en la euforia de la noche, Paraná mantiene vivo el romántico nexo con el paternal río. La Toma vieja, el puerto donde sobrevive al ambiente pesquero, la playa Thompson al que se accede bajando por Ramírez, al final, son, al igual que el ensoñador Parque Urquiza, eternos adoradores del Paraná.

Pero además de las maravillas naturales, que incluyen la contemplación de aves, la equitación, las alternativas del ecoturismo y el cruce a la isla, entre otras muchas actividades por el estilo, cabe recordar la importancia histórica de este centro que fue una vez capital del país.

Destacan entre sus monumentos y lugares típicos: La Catedral, el Teatro 3 de Febrero, los museos, el Observatorio, la Vieja Usina y el Túnel subfluvial que cruza hasta la provincia de Santa Fé…¡Por debajo del río! Además existe allí un historial fílmico donde reproducen las etapas de construcción del túnel a todo el que quiera conocer los detalles del ingenio.

Abundante vegetación y una costa esplendorosa es el marco donde está “inscripto” el Gran Hotel Mayorazgo, centro hotelero más importante de la región que cuenta además con un casino de importante afluencia.

Otro llamativo es el aspecto cultural de la ciudad entrerriana. Una riqueza artística y artesanal expone su diversidad en museos, bibliotecas, escenarios y locales de su Peatonal San Martín. Aunque también es posible encontrar gran variedad de objetos en las Feria de Salta y Nogoyá.

La ciudad, donde se vive el culto a esa maravillosa donación de Dios, grita en su conjunto: Viva el Río en Paraná y permite a los visitantes compartir la energía de su presencia.

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