Milan
Plaza del Duomo, Milán
Foto cortesía de Igu.org

La ciudad del glamour y también la más industrial de toda Italia no tiene el extenso patrimonio cultural que posee la capital romana, pero no por ello deja de ser una urbe con un gran encanto histórico y burgués que siempre ha atraído a artistas de toda condición. Capital de la región de Lombardía, Milán cuenta con un importante centro histórico plagado de bellas construcciones que despertarán el interés del visitante. De entre todas ellas sobresale, sin duda, su famosa y colosal catedral gótica, la tercera iglesia católica más grande del mundo. Toda ella construida de mármol, está repleta de pináculos (135), arcos, estatuas (180) y columnas. Alberga la popular estatua de cobre de la Madonnina sobre la aguja central del templo. Los amantes del arte también pueden visitar Santa Maria delle Grazie (siglo XV), rediseñada por Bramante, cuyo interior alberga una de las obras pictóricas más conocidas del genio Leonardo da Vinci y de la historia del arte: La última cena.

De gran interés arquitectónico resultan, asimismo, inmuebles históricos como el Palacio Real, en el lado sur de Piazza Duomo, así como el Castillo Sforza. El primer edificio, sede del antiguo Ayuntamiento, se utiliza hoy en día como museo y galería de exposiciones. La fortaleza Sforza (siglo XIV), por su parte, fue destruida y restaurada en varias ocasiones para llegar a convertirse en uno de los símbolos turísticos de la ciudad.

La Galería Vittorio Emanuele II llama la atención del turista más preciado al tratarse de una llamativa arcada doble cubierta que conforma unas bellas bóvedas de vidrio. De esta forma configura a ras del suelo, un pasillo peatonal y por arriba uno cubierto que unifica la Piazza della Scala y la del Duomo, así como la Via Silvio Pellico y Ugo Foscolo entre ellas. Construida y dedicada en homenaje a Vittorio Emanuele II, el rey que unificó el país italiano, en la actualidad alberga numerosos comercios y tiendas de elegante costura, restaurantes y bares. Representa, junto con Via Montenapoleone, uno de los centros más importantes de la moda internacional.

El itinerario turístico prosigue por el Parque Sempione, una de las zonas verdes más destacadas de la urbe italiana, hasta llegar hasta el Arco de la Paz. A continuación se coge la peatonal Via Dante, que da a una de las plazas milanesas más antiguas, la dei Mercanti. Desde el centro neurálgico de la plaza del Duomo también se arriba hasta la Scala, uno de los teatros líricos más famosos del mundo. Via Verdi conduce al barrio de Brera, donde se localiza el Museo del Risorgimento y la pinacoteca, que tiene obras de Rafael. Otras galerías visitables a destacar son el Museo Poldi Pezzoli y el Manzoniano, la casa natal del escritor Alessandro Manzoni. Si tras las compras en Via Montenapoleone aún quedan ganas de callejear, resulta recomendable aproximarse hasta la plaza de San Babila para ver la fuente central y su bonita Iglesia.

A dos paradas de metro de aquí se encuentra una de las calles más elegantes de la ciudad, Via Meravigli, que cuenta con pastelerías selectas, entre otros comercios. A la izquierda está la Basílica de San Ambrosio y el museo del patrón de la ciudad. Tras volver a Corso Magenta, el turista se topará con el palacio Litta, uno de los más bonitos de Milán. De estilo neoclásico lombardo sobresale la Villa Real, antaño residencia de Napoleón y Josefina Bonaparte. Repleta de columnas y pilotes, tiene frescos, esculturas y un bello jardín inglés. Para disfrutar de una hermosa panorámica de Milán, resulta de obligada visita la Torre Branca, confeccionada de hierro y de más de 100 metros de altura. Se ubica dentro del Parco Sempione.

Para concluir la extenuante pero completa visita, el turista insatisfecho tiene la opción de visitar otro de los peculiares símbolos de Milán, el Rascacielos Pirelli que, levantado con hormigón armado, es una de las construcciones más elevadas del mundo.

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