Mérida
Mérida, el capital

Tierra de conquistadores, excelsos parajes naturales y exquisita gastronomía gracias a su embutido ibérico, Extremadura posee un patrimonio artístico y monumental de excepción. Con Mérida, la antigua Emérita Augusta romana, conserva uno de los conjuntos patrimoniales mejor conservados de toda España.

Ciudades como Cáceres mantienen un entramado urbano que retrotraen al Medievo mientras que las pinturas y riquezas que alberga el Monasterio de Guadalupe parecen equipararse en forma y contenido a las del Vaticano. Estos tres rincones han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Un viaje a través de esta autonomía se convierte en un verdadero paseo por la historia. Nada mejor para el viajero que acercarse hasta aquí y disfrutar de un placentero viaje.

La comunidad autónoma extremeña tiene su capital en Mérida, y su territorio comprende las provincias de Cáceres (al norte) y Badajoz (al sur), las dos más extensas de todo el territorio español. Estas tres capitales, junto con Plasencia y la conurbación integrada por los municipios de Don Benito y Villanueva de la Serena constituyen los mayores núcleos urbanos. Extremadura es la región española con más kilómetros de costa interior y donde predomina la dehesa, ecosistema natural que conjuga la explotación de los recursos naturales y el respeto al medio ambiente. En ellas se crían los famosos cerdos ibéricos que producen jamones que deleitan cualquier paladar. El Parque Nacional de Monfragüe, en la provincia cacereña y declarado Reserva Mundial de la Biosfera, es uno de los parajes naturales de mayor belleza en todo el país. En él, el visitante podrá ver a sus célebres inquilinos, los buitres negros, cuya mayor colonia mundial reside aquí, o las águilas imperiales. Junto a Monfragüe, también destacan el Parque Natural Tajo Internacional y el de Cornalvo.

Mérida, antigua capital de la Lusitania romana y fundada en el año 25 a.d.C. por Octavio Augusto, atesora innumerables representaciones arquitectónicas y artísticas, encabezadas por el Teatro y el Anfiteatro romanos. Espectacular su museo de arte romano con gigantescos mosaicos. Por su parte, Cáceres permite un viaje en el tiempo, con una parte antigua amurallada que invita al paseo tranquilo, el contacto con la historia y la piedra trabajada. Ahora trabaja por convertirse en capital europea de la cultura para 2016. El triángulo de majestuoso legado patrimonial lo cierra el pueblo de Guadalupe que, con su monasterio gótico mudéjar, alberga obras de Goya, Zurbarán y El Greco. Su sacrístía evoca la opulencia de la Capilla Sixtina de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Los amantes de la buena mesa pueden degustar a lo largo y ancho de esta autonomía materia prima y productos de indudable calidad. El plato estrella es el jamón ibérico, pero junto a él sobresalen otros como los quesos de cabra y oveja (en especial la Torta del Casar), los derivados del propio cerdo, la caldereta de cordero, las migas, las cerezas del Jerte, la miel de Villuercas o los vinos de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana.

La oferta hotelera a precios asequibles para el viajero abunda en toda la región. Junto a los establecimientos de cuatro, tres y dos estrellas, predominan, gracias su privilegiado entorno, las hospederías, albergues, paradores y casas rurales que permiten gozar, in situ, de la naturaleza extremeña. La calidad de este tipo de alojamientos está fuera de toda duda, ya que se han convertido en su principal reclamo turístico. Comodidad y trato exquisito garantizado. Desde 86 dólares la noche, con desayuno incluido, se puede descansar, por ejemplo, en la hospedería Mirador de Llerena, todo un cuatro estrellas.

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