Dubrovnik: la joya del Adriático

Ni las guerras ni el paso del tiempo le han restado belleza a una de las ciudades más hermosas del planeta. Acallados los ecos de la última contienda, Dubrovnik, ubicada en Croacia, se muestra de nuevo al visitante tal y como siempre ha sido, simplemente fascinante.

La considerada como joya del Adriático se configura en torno a un conjunto de fortificaciones, iglesias y edificios centenarios que surgen de forma casi milagrosa al final del Canal de Mijet, protegido por un todo de islas e islotes en su fachada marítima.

De las cuatro puertas monumentales, es recomendable entrar a la ciudad a través de la de Pile, que se comunica con Placa o Stradun, su calle principal. La primera obra de magnitud con la que se topa el turista es una fuente monumental y enfrente puede encontrar a la iglesia de San Salvador, de fachada típica del Renacimiento dálmata.

Más espectacular es el monasterio franciscano que comunica con la Placa, en especial su claustro del siglo XIV, superviviente de terremotos, guerras y desastres; en su interior se conserva una de las farmacias más antiguas de Europa, del siglo XIV.

En Placa se ubican mucho de los bares y cafés más animados de la zona. La calle culmina en Luza que da a la Plaça Sponza, antigua aduana, y al Palacio del Duque, antigua sede de gobierno. Parecen edificios salidos de Venecia con esa mezcla de elementos góticos y renacentistas tan característicos. La cercana catedral (siglo XVII), no obstante, sigue los cánones barrocos.

A pocos metros de allí se puede acceder al antiguo puerto pesquero y al paseo de ronda de las murallas. Desde el bastión de Minceta se otea el trazado de Dubrovnik. Parece un museo al aire libre. Las callejuelas del casco histórico se hacinan con el fin de preservar las casas de los rigores del clima.

Cerca de la ciudad croata están la isla de Mljet, conocida por sus bosques; la isla Hvar, famosa por su ambiente cosmopolita; y la isla Korcula, con su propia ciudadela y donde nació Marco Polo.

A un cuarto de hora en barco se llega a la romántica isla de Lokrum, que cuenta con un monasterio benedictino del siglo XII rodeado de cipreses. Pese a que el litoral croata es muy escarpado, también Dubrovnik tiene pequeñas calas, como la playa de Bange, con aguas de una transparencia increíble.

Dos de los mejores hoteles para pernoctar aquí son el Ta'Cenc que, ubicado en plena naturaleza, el cual cuenta con el mejor spa del archipiélago, y también Gan Villa Argentina, idóneo para alojarse pero también para tomar una copa y ver el conjunto histórico de la ciudad desde la terraza.

Cualquier época del año es buena para conocer esta joya urbana gracias a un privilegiado clima casi subtropical. Sin embargo, lo más recomendable es ir en verano.

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