Ávila

Cuando nos planteamos una visita a España, obviamente lo primero que se nos viene a la mente es Madrid, Barcelona y Sevilla como destinos automáticos, pero España es un país de gran diversidad y casi inacabables atracciones turísticas de perfil histórico, cultural y natural, lo que la convierte en un destino de excelencia para viajeros de todo el mundo. Y dentro de esta diversidad, mención aparte merece una visita a Ávila, un viaje al pasado medioeval y muy cerca de Madrid.

Situada al sur de Castilla, tierra de gentes nobles y silenciosas que han habituado sus ojos al contraste del color arcilla de su tierra con el blanco de sus casas y el verde de sus cultivos, Ávila encierra, literalmente, un trozo de historia, que habla de castillos, reyes, y luchas por el poder; de invasiones foráneas, y habla de la cristiandad; de una España devota que en un momento, fue un gran imperio.

Ávila es famosa por su casco antiguo amurallado, posiblemente la principal atracción de la ciudad ya que, a pesar de su antigüedad, se encuentra en perfecto estado de conservación y con sus dos kilómetros de longitud y casi 15 metros de altura de promedio, se hace acreedora al honor de ser la segunda muralla más grande del mundo, sólo por detrás de la monumental muralla china.

Su origen se remonta al imperio romano, muy presente en toda la península ibérica, y fueron concebidas como un cerco protector para instalaciones del ejército invasor. Posteriormente y al ritmo de los siglos, las murallas fueron marcando la división entre nobles y plebeyos, ya que sólo nobles y aristócratas vivían en su interior, quedando a las clases trabajadoras y menos favorecidas el pagar con sus impuestos los costos de construcción y mantenimiento de los muros, cuya función era eminentemente defensiva y que ofrecían la protección necesaria ante invasiones y asedios.

En la actualidad, forman parte de los atractivos que Ávila tiene a disposición de sus visitantes, permitiendo el acceso a muchas de sus 80 torres de vigilancia y pasear por su parte superior, para sentirse trasladado en el tiempo a la época medioeval y contemplar en lontananza el paisaje de la comarca castellana. O sentir el pasado en la piel al recorrer sus nueve puertas de acceso y salida a la ciudad que ha crecido a sus pies.

Sin duda las murallas son el principal atractivo de Ávila, pero la ciudad tiene otras sorpresas para quienes la visitan, ya que tanto el casco antiguo de la ciudad, la muralla y las iglesias situadas en sus afueras han sido declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad, destacando su catedral; una obra maestra de la arquitectura y también los recintos donde vivió la santa local, Santa Teresa de Ávila cuya historia está íntimamente ligada a la ciudad y la Iglesia de San Vicente.

Pero no todo es turismo cultural en Ávila, también Castilla es una zona rica en turismo rural; especialmente en el senderismo y cuenta con atractivas rutas para que los viajeros recorran y se empapen de la esencia de esta rica y noble tierra, seca y calurosa en el verano y muy fría en el invierno…

Tierra de contrastes y como se decía al principio, de gente noble y amable que ofrecen al visitante su rica y abundante gastronomía, caracterizada por potajes con mucha “enjundia” y el exquisito “chuletón” un importante trozo de carne de res asada que hace las delicias de los paladares, especialmente si se combina con la sopa castellana, hecha de pan y ajo; y todo esto acompañado con un vino de la zona, muy tinto y muy grueso, que alegra los sentidos y el espíritu del viajero que ha venido de lejos a revivir un trozo del pasado.

Y como en toda España, Ávila posee instalaciones hoteleras para todos los tipos y presupuestos, aunque la opción más recomendable si lo permite la cartera, es la de pasar la noche en el Parador de Ávila, antiguo edificio situado en el casco antiguo de la ciudad y totalmente reconstruido para entregar confort y comodidad en un entorno histórico y lleno de pasado.

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